EL MOTOR
Mario Lenguaviva, Boston, Mass. www.lenguaviva.org.
Copyright © EL BUS DE LENGUAVIVA 2009. All rights reserved.
                                       TENGO LAS MEDIAS ROJAS

El 27 de octubre del año 2004 un hecho transcendental sacudió a la ilustre
ciudad de Boston hasta sus venerables cimientos: los Red Sox ganaron la
Serie Mundial. ¡Al fin, chico…! Para los que no conocen la historia: el hecho
tuvo especial relevancia porque los Medias Rojas no ganaban el trofeo
desde… (¡aguántense!) ¡1918!  ¡86 abriles, brother! En varias oportunidades
estuvieron cerca, pero algo siempre se les interponía. Los supersticiosos
bostonianos hallaron la explicación en una supuesta maldición provocada por
la venta del inmortal Babe Ruth a los odiados New York Yankees. Desde
aquel sacrílego momento la competencia entre Boston y New York no pudo
ser más desbalanceada: los Yankees ganaron veintiséis veces y… los Red
Sox… mejor ni hablar de eso. Pero desde el 2004 las cosas han cambiado.
Mi equipo GANÓ (así, con mayúsculas) en ese año y volvió a GANAR en el
2007. Y los Yankees todavía están esperando por su primera victoria del siglo
21. ¡Dos a cero, papa!

Vosotros os preguntaréis, “¿qué hace Lenguaviva hablando de pelota en este
BUS?” Y yo les responderéis: “Ah, ¿pero no se han enterado que esta
semana empiezan los play-offs? ¿Y que los Red Sox están metidos de lleno
en la post-temporada? ¿Y que vamos a ganar de nuevo (espero)?” ¡Cosa
más grande, chico…! ¡Eso es lo más importante del mundo! Miren, en Boston
el béisbol es sagrado. ¡Peor que en Cuba, que ya es mucho decir! Y claro,
tenemos una enconada rivalidad con los Yankees. Como el Barça con el
Madrid o el River con Boca. Aquí a los niños en cuanto nacen les compran sus
uniformitos de los Red Sox y lo primero que aprenden a decir es:
Yankees
suck!
Es decir, “el equipo de la Gran Manzana no es bienvenido en esta
ciudad”.  Luego en la escuela completan el aprendizaje con varias lecciones
sobre cómo hacerle la vida un yogur a la gente de Nueva York. Por cierto, a mí
en Cuba, desde chiquito, también me enseñaron a odiar a los Yankees. ¿O no
recuerdan aquello de, “¡Cuba sí, Yankees no!”? ¡Eran estos Yankees! Ahora
les expreso mi desamor de forma diferente, pero no menos contundente, con
una camiseta que dice, más o menos, “soy fan de dos equipos: los Red Sox y
de todo el que le gane a los Yankees”. Cuando me la pongo, siempre hay
gente que se acerca y me dice sonriente,
I like your shirt! Y yo de lo más
orondo porque, si les gusta mi camiseta, es porque son parte de la Nación de
los Medias Rojas. Como yo.

Sí, porque lo más interesante de todo este asunto es que los fanáticos de los
Red Sox (y no digo aficionados, sino
fanáticos) hemos formado nuestra
propia nación, con ciudadanía, himno y escudo. Estamos en todas partes,
luciendo orgullosos los colores de nuestro equipo. Donde quiera que nos
encontramos, nos saludamos afectuosamente, como compatriotas. Y si se
nos cruza alguien con el logo de los Yankees encima, o bien volteamos la
cabeza con desprecio o miramos hacia el suelo y, discretamente, vomitamos.
Lo bueno de esta nación es que  no discrimina a nadie. Basta con jurar
fidelidad al equipo y ya está. ¡Aquí no hacen falta papeles, ni exámenes de
ciudadanía ni ná, ni ná!

Así que, amigos míos, es hora de ponerse pa los play-offs. Como todos los
demás habitantes de esta región, yo tengo listas mis medias rojas.

Sólo espero que no se me destiñan.